13/06/2018 |

LA CASONA DE BOYLE Y EL SANATORIO BEROIZ

Dos emblemas en busca de un destino

Los dos inmuebles se encuentran pegados, sobre la avenida Casey, están deshabitados y su futuro es incierto. La casona está en venta hace varios años y es deseo de la comunidad su preservación. El sanatorio se encuentra cerrado y empieza a verse deteriorado.

Dos emblemas en busca de un destino

Están juntas y vacías. La mítica casona de la familia Boyle y la edificación donde hasta hace poco tiempo funcionaba el Sanatorio Abel Beroiz no sólo son vecinas, casi pegadas sobre la avenida Casey, sino que parecen estar unidas por un presente complicado y un futuro sombrío. Están sufriendo un lógico decaimiento por la falta de actividad y mantenimiento: la casona lleva varios años deshabitada, con carteles que promocionan su venta; mientras que el sanatorio estuvo varios meses sin atención, y desde finales de abril directamente está desocupado, por lo tanto su estructura se fue deteriorando.
Las circunstancias que llevaron a los dos inmuebles a esta situación son diferentes, pero el destino los ubicó en el mismo paisaje. El viejo caserón emerge en pleno centro como un mojón del Venado Tuerto de antaño: ya no se hacen construcciones de esa calidad. Por eso se apuesta a su preservación como referente del patrimonio arquitectónico local, con el temor de que termine siendo adquirida para una inversión inmobiliaria, aprovechando el generoso terreno para acabar en un edificio más.
De todos modos, el deseo de la comunidad y el del propio Municipio, que lo declaró patrimonio de la ciudad, poco pueden hacer ante la voluntad de un eventual comprador y la necesidad de los propietarios de concretar la venta.
Para colmo, la propuesta más firme que existía para comprar y preservar el inmueble de la familia Boyle, ya quedó descartada. El histórico empresario de la noche y del rubro bares, Daniel Bertoni, había presentado un proyecto para adquirir la casa, reacondicionarla y montar un bar temático al estilo Hard Rock. Esto incluyó la presentación de un expediente en la Municipalidad y reunión con los concejales para obtener una autorización especial, dado que debía estar -justamente- lindero al edificio que está preparado para funcionar como sanatorio, más allá de que hoy esté vacío.
Sin embargo, esa alternativa quedó desestimada en las últimas semanas. Según fuentes consultadas, Bertoni manejaba un par de opciones para su emprendimiento y finalmente prefirió regresar a la mítica esquina de Belgrano y Alvear, donde supo capitanear su propio bar durante muchos años. De esta manera, el destino de la casona de la familia Boyle vuelve a ser incierto.

A la espera
A su lado está el edificio donde funcionaba el Sanatorio Beroiz. Luego de un largo conflicto, las autoridades de la Mutual de Camioneros decidieron despedir a los 27 empleados que permanecían desde hacía muchos meses asistiendo al lugar de trabajo casi sin tareas asignadas.
La decisión empresarial de dejar de brindar prestaciones se fue dando en forma paulatina: primero se retiraron los médicos, luego fueron ofreciendo acuerdos a los empleados para finalizar el vínculo laboral y finalmente, en los últimos días de abril, se despidió a los que todavía concurrían a cumplir horario y cobraban el sueldo, en una angustiosa situación.
Si bien se sigue hablando del interés del Sanatorio San Martín de alquilarlo para trasladar algunos de sus servicios al inmueble de avenida Casey (que también tiene ingreso por Pellegrini), por el momento sólo son versiones.
Mientras tanto, los trabajadores siguen pugnando por cobrar el ciento por ciento de la indemnización, dado que Camioneros les comunicó que sólo abonaría la mitad. Luego de varias audiencias en el Ministerio de Trabajo, donde la Mutual no se presentó, en la última comunicaron que no realizarán una nueva propuesta, por lo tanto es un hecho que casi todos los empleados terminarán judicializando la situación.
En el medio, el edificio sufrió un notable deterioro y quien se haga cargo de su alquiler (el inmueble es propiedad del Sindicato de Camioneros) tendrá que invertir en su reacondicionamiento.
Paradojas del destino, los dos edificios están juntos, vacíos y esperando conocer cuál será su destino.

Autor : Juan Miserere
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