30/11/2018

SOCIEDAD VOLVER

Chicos conectados, padres desorientados

Nacieron rodeados de aparatos tecnológicos y en torno a ellos van conformando su identidad, privacidad e imaginación. Los llaman "Generación App" y saben del mundo digital cosas que los adultos ignoramos. ¿Cómo lograr que la tecnología no los desconecte de sí mismos? Howard Gardner, profesor de Harvard, asegura que se puede y comparte sus razones.

¿Qué debe hacer un extranjero que se anima a transitar por las tierras de los nativos electrónicos? Ir en son de paz. Eso lo sabe de sobra Howard Gardner, psicólogo, profesor e investigador en la Universidad de Harvard: "Soy apenas un inmigrante digital", se presenta sin más, este gringo de las pantallas de 75 años. Especialista reconocido internacionalmente por su aporte en materia de educación y psicología, creció en Pensilvania durante los años cincuenta, cuando nada hacía prever semejante desenlace tecnológico.

"Era una época en la que todavía era posible saber exactamente cuántas computadoras había en el mundo", dice mientras recuerda sobre aquellos viejos y desconectados tiempos.

Pero, aventurero al fin, decidió bucear las profundidades mismas del fenómeno y así escribió La generación App (Paidós), donde se propone sacar visa virtual e iniciar un viaje por esa remota región -de límites siempre difusos para los no nativos- donde las pantallas digitales se encuentran con las cabezas de chicos y jóvenes conectados, prácticamente, desde su nacimiento.

La deliberada utilización de la abreviatura "app" para definirlos (proviene de application, que en inglés significa "aplicación") lo deja claro: ellos son tecnología aplicada, en cuerpo y alma.

"Creemos que, de ahora en adelante, es posible que sea precisamente la tecnología lo que defina a las generaciones y que el alcance de cada generación dependa de la longevidad de una innovación tecnológica concreta", explica el autor, quien trabajó junto a su colega Katie Davis -treinta y tantos años menor- para poner en valor, a través de una profunda investigación, los beneficios de la tecnología digital para el desarrollo infantil y juvenil.

Claro que (no es un dato menor) siempre y cuando sea bien utilizada. Pero... ¿cómo lograrlo?

Los chicos conectados... ¿están bien?

El mercado del e-learning mundial está en auge y la empresas de contenidos digitales estiman que serán los chicos de entre 6 y 15 años quienes jugarán un papel fundamental en su crecimiento: se estima que este año se habrán movido solo en Estados Unidos 169.000 millones dólares a través de este tipo de consumos.

Según estadísticas de la consultora Euromonitor Internacional, la población mundial infantil en línea alcanzará más del 50% del total en 2020. En la mayor parte de los países desarrollados los chicos comienzan a vivir en línea después de los 5 años y a partir de entonces consideran a Internet como una parte vital de su estilo de vida. Sin ir más lejos, los propios chicos la definen como una "necesidad".

Las pantallas, un mundo

Es que los chicos están en contacto constante con información, aprenden naturalmente a buscar aquello que necesitan, a descartar lo que no, y a establecer nuevas aptitudes y contactos. Manejan distintos idiomas como condición para no quedarse afuera de lo que el mundo online tiene para ofrecerles y no conocen de fronteras.

Sacan fotos, graban videos, editan a su antojo y suben cosas para que quienes quieran leerlos, oírlos y verlos, conozcan su manera de ser y de estar en el mundo.

Claro que las reglas se han transformado y los jóvenes hoy gestionan una identidad, privacidad e imaginación muy distintas a las que nosotros, los grandes, conocemos. De ahí que, a la hora de digerir el fenómeno, la preocupación nos deje siempre un extraño sabor.

Pero hay algo cierto: las pantallas no son nada sin los humanos que están detrás de ellas. En Play Again, la película documental de la directora Tonje Hessen Schei, se muestran las consecuencias de criar a chicos aislados de la naturaleza y lo fácil que, a su vez, podía ser reconectarlos con lo que en verdad importa.

¿O acaso no son los recuerdos de las tardes al sol con la familia y los amigos lo que hizo de nuestra infancia un lugar mágico? ¿Por qué entonces no nos animamos a llevar a nuestros propios hijos hasta ahí?

En su libro, Gardner sostiene que las aplicaciones pueden generar instancias "más positivas", a través de desarrollos que capaciten a los jóvenes para alcanzar un conocimiento de sí mismos "más profundo y completo, además de relaciones íntimas plenamente desarrolladas con otros".

La cuestión radica en saber cómo acompañarlos durante su estadía virtual, para sacarlos de ella con invitaciones reales y, justamente por eso, nutritivas.

Chupete electrónico

La mamá de Lisa, de 8 años, dice sin vueltas: "A veces los padres los dejamos conectarse a los aparatos porque son dos o tres horas en que, de alguna manera, nos sacamos de encima a los chicos. Aunque muchos no quieran reconocerlo, eso pasa".

A pesar de ser muy chica, su hija tiene cuenta de Facebook. "Entendí que es una herramienta y que después depende de mí llevarla a lugares interesantes lejos de la computadora. Lo que rescato es que mi hija es muy tímida personalmente, pero online se comunica con profundidad, poniendo especial atención en aquello que quiere transmitir. Ahí es dulce y cariñosa, un rasgo que no suele demostrar fácilmente cara a cara", relata esta madre convencida de que está en sus manos capitalizar (o no) la experiencia.

Sin duda, tanto los padres como las instituciones educativas vamos a otro ritmo. Pero tenemos la responsabilidad de apurarnos a la hora de conectar a los chicos con el valor de la vida y de los vínculos, y ser consecuentes con eso.

"Los padres deben familiarizarse con las diferentes tecnologías y aplicaciones. No van a ser tomados en serio por sus hijos a menos que conozcan la manera en que se comportan en Internet y en las redes sociales. Y sobre todo deben ver y escuchar qué piensan, qué sienten y qué hacen sus hijos dentro y fuera de las pantallas", dice el profesor Gardner. 

 ¿Cómo acompañarlos? Gardner explica: "Es muy importante tener un propio sistema de valores en el que creer y hay que asegurarse de que existe una comunicación con ellos y de que viven de acuerdo con ese sistema de valores. Los chicos pueden no escuchar lo que dicen sus padres, pero siempre se dan cuentan y están pendientes de lo que ellos hacen". Entonces, la clave está en utilizar los medios digitales de manera que reflejen las propias creencias y ayudar a esta generación a entender qué es lo que uno hace y por qué, y por qué elige no hacerlo de otro modo.

Los hijos sin conexión de Silicon Valley

Como contracara al alto nivel de conexión que están experimentando los chicos de todo el mundo, en la meca de la tecnología los adultos deciden darles a sus hijos estadías digitales con cuentagotas. El dato se desprende de una encuesta lanzada el pasado año por la Silicon Valley Community Foundation entre 907 padres de la zona, que reveló que los trabajadores del epicentro de la industria tecnológica tienen serias reservas sobre el impacto de los gadgets en el desarrollo psicológico y social de los niños. Los encuestados criticaron públicamente el lanzamiento consciente de productos cada vez más adictivos y absorbentes y reconocieron haberle pedido a las niñeras que cuidan a sus hijos que no utilicen ninguna pantalla frente a ellos, ni siquiera su propio celular. A su vez el National Institute for Health and Care Excellence lanzó una interesante iniciativa para proponer días completos de desconexión (sin acceso a televisión, computadoras, consolas de juegos ni dispositivos móviles) y el resto del tiempo mantener un límite de uso por debajo de las dos horas al día. 

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