14/12/2018

UN DIA COMO HOY | Silvina Ocampo VOLVER

La escritora olvidada

La hermana menor de Victoria Ocampo vivió siempre a la sombra de las tres grandes figuras que la rodearon: su marido, Adolfo Bioy Casares; su gran amigo, Jorge Luis Borges, y su hermana, la fundadora de la revista "Sur". Sin embargo, escribió algunos de los cuentos más perfectos de la literatura criolla

Es tal vez una de las mejores cuentistas argentinas. Sin embargo, durante décadas, estuvo injustamente relegada a la condición de escritora consorte, de hermana fiel y de amiga incondicional. Y es que Silvina Ocampo vivió toda su vida a la sombra de las tres grandes figuras que la rodearon: su marido, Adolfo Bioy Casares; su amigo Jorge Luis Borges y su hermana, la gran Victoria Ocampo. Sólo en los últimos años de su existencia, la crítica literaria comenzó a echar luz sobre esa penumbra y la reivindicó como una de las grandes escritoras criollas.

Claro que esa vida en las sombras; esa manera suya de existir casi sin ser tenida en cuenta, le permitió construir un universo en el que las palabras y las imágenes -porque también era pintora- tenían vida propia.

El inicio

Silvina Inocencia Ocampo Aguirre -tal era su nombre completo- nació en Buenos Aires el 28 de julio de 1903, en el seno de una tradicional familia porteña. Era la menor de seis hermanas: la mayor era justamente la emblemática Victoria. Como era tradición en toda familia aristocrática de aquella época, Silvina fue educada por institutrices y aprendió a hablar primero en francés. 

Por intermedio de Jorge Luis Borges, a quien la unió una gran amistad, conoció a Adolfo Bioy Casares (nueve años menor que ella), con quien se casó en 1940.

Fue en esa época que Silvina comenzó a escribir cuentos y, al mismo tiempo, a experimentar una misteriosa transformación. Acaso para ocultar sus ojos "grotescos" (como ella los llamaba) comenzó a usar los típicos lentes oscuros con montura blanca de las hermanas Ocampo que, con el tiempo, se convirtieron en su sello personal. Por esa época también comenzó a quejarse de su boca que, con los años, según sus propios ojos, se había vuelto "obscena". Para sus amigos, en cambio, Silvina podía ser atractiva de un modo irresistible; pero había tenido la mala suerte de nacer en una familia donde había mujeres de una hermosura más convencional, casi clásica, como la de su hermana Victoria. Tal vez por eso no le gustaba mostrarse en público con demasiada frecuencia y evitaba las reuniones masivas. En cambio, se sentía feliz leyéndole las líneas de las manos a Borges y a Bioy, a quienes llamaba "sus dos debilidades". Junto a ellos, precisamente, escribió la famosa "Antología de la literatura fantástica" (1940) y la siempre vigente "Antología de la poesía argentina" (1946). 

Su primer libro de cuentos fue "Viaje olvidado" (1939), que le dedicó a su hermana Angélica. Pero Victoria lo defenestró en una crítica en la emblemática revista "Sur". Para Silvina, fue un golpe durísimo recibir estas palabras. Tal vez por eso, la relación entre ambas nunca volvió a ser la misma. De todas formas, las personas que las conocieron de verdad aseguran que ambas sentían una mutua admiración y un respeto sin igual.

Además, en colaboración con Adolfo Bioy Casares publicó la novela policíaca Los que aman, odian, en 1946 y con Juan Rodolfo Wilcock la obra de teatro Los Traidores, en 1956.

La crítica literaria ignoró a Silvina hasta finales de los 80, sin advertir la complejidad, el humor y la originalidad de su obra, que también se caracterizó por una crítica tajante a los convencionalismos sociales de la época y a las normas literarias establecidas.

El dolor

Pese a los celos y las numerosas infidelidades de su marido, Silvina integró con Bioy el matrimonio literario más destacado de la Argentina. En cierto sentido, los Bioy disfrutaban mucho juntos. 

Pero, hacia el final de sus vidas sobrevino el dolor y la tragedia. En sus últimos años, Silvina tuvo que soportar una tremenda enfermedad que no sólo minó su mente, sino también su cuerpo. Falleció la calurosa tarde del 14 de diciembre de 1994. Trágicamente, veinte días después, su hija Marta Bioy Ocampo, de 39 años, murió atropellada por un automóvil. Bioy Casares las sobrevivió sólo cinco años. 

Comparte tu opinión, dejanos un comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.