14/12/2018

LECTURAS | "Suárez en Kosovo" VOLVER

Una novela de enredos

Eric Barenboim ha logrado escribir un libro agudo, cándido y disparatado donde las preguntas sobre la esencia de las cosas -su identidad- y sobre el modo de nombrarlas -su nomenclatura- sólo pueden ser abordadas desde el absurdo.

El escritor y realizador audiovisual Eric Barenboim aseguró que "el lenguaje es la verdadera forma en que un pueblo habita el mundo" y advirtió que "anularlo es imposibilitar su realización".

Además, el poeta perfórmatico y realizador audiovisual habló sobre su primera novela, "Suárez en Kosovo", donde logra un relato que cobra fuerza a medida que se entrecruzan los negocios del fútbol con las vivencias de los habitantes de Pristina, capital de Kosovo. 

Ganadora de la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires 2017, la novela editada por Entropía narra la llegada de Miguel Suárez, el kinesiólogo amigo de una estrella de fútbol homónima, a Kosovo, para encontrarse con el jugador.

Desde los Estados Unidos, donde el escritor porteño de 31 años cursa una beca en la Maestría de Escritura Creativa de la Universidad de Nueva York (UNY), Barenboim cuenta que el disparador de la novela fue la propuesta al futbolista Luis Suárez a jugar en Kosovo luego de que mordiera a Giorgio Chiellini en un partido. "Aunque no sabemos si esa propuesta existió, o en qué condiciones, sí hubo fue un artículo periodístico al respecto y después su viralización. Ese fenómeno fue el disparador. De un día para el otro miles de personas compartieron esa información medio disparatada, medio absurda. "Suárez" significa algo más que un apellido, en especial para los fanáticos. Y "Kosovo" es inabarcable. Ese es el tema con los nombres propios y los titulares: esconden cuánto más hay", dice.

La preocupación por el lenguaje como forma de habitar los territorios atraviesa toda la historia. Al respecto, Barenboim dice: "Me gustaría creer que la tierra es de quien la trabaja, pero al final del día la tierra es de quien el Estado certifique. ¿Qué es el territorio? ¿Un lugar donde vive alguien? ¿Un espacio delimitado con fronteras? La relación entre lenguaje y territorio nunca es casual ni natural. Eso es lo que hacen explícito los procesos migratorios: en un lugar determinado una población habla la lengua de otro lugar. Sabemos que el lenguaje no es de los lugares, sino de las personas. Ahí se genera el conflicto. Los nacionalismos acérrimos perciben eso como una amenaza al status quo. Y, en algún sentido, es cierto: nuestro lenguaje tiene el poder de cambiar el mundo. Lo falso e inútil es pretender que el mundo no cambie. O sea: el lenguaje es la verdadera forma en que un pueblo habita el mundo. Anularlo es imposibilitar su realización. En una novela atravesada por un clima de posguerra me pareció clave hacer énfasis en el lenguaje".

Alternando entre la realización audiovisual y la poesía, Barenboim dice que "la construcción de sentido en ambos lenguajes se parece. Mi fascinación por los dos está en el montaje, en la edición, en que tanto película como poema son constructos. En uno hay planos, en el otro hay versos. Con "Suárez en Kosovo" aprendí que las novelas también toman forma a partir de esos procesos de montaje. Lo que más disfruto de la poesía es la duración, el suceso durante el cual el poema se está recitando. Lo necesario de la presencia, que también está en el cine. Ahí hay otra conexión con la literatura: la mejor literatura es la que nos tiene pendientes, leyendo, profundizando más, con la atención puesta en desmenuzar los recovecos del mundo".

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