07/01/2019

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Abrazado a Gendarmería, Freyre cuestiona la seguridad provincial

Por: Juan Franco
Análisis

Desde hace varios años se sostiene en Venado una puja entre el oficialismo justicialista y el enriquismo como antagonistas, donde los campos de batalla son variados y explícitos. Sin embargo, en los últimos tiempos subyace una contradicción más reservada en la siempre influyente (in)seguridad pública, problemática que atraviesa horizontalmente a toda la comunidad, desde los sectores más pudientes que residen en lujosos barrios cerrados, hasta los más vulnerables que sobreviven en bajos inundables. Incluso en tiempos donde crecen la pobreza, el desempleo y la precarización social, la inseguridad -de la mano de aquéllas- sigue en el podio de los asuntos más preocupantes en todos los sondeos de opinión. Mientras tanto, la grieta entre gobierno municipal y oposición radical se ensanchó aún más en los temas de seguridad, sobre todo desde la apuesta del intendente José Freyre por embanderarse con Gendarmería Nacional (también con el Juzgado Federal) y, desde esa posición, condenar la ineficiencia de la seguridad provincial. Tanto es así que el primer mandatario local fue calificado como "un amigo de la Gendarmería" por el mismísimo mandamás de la fuerza en el reciente acto inaugural de la Unidad de Investigaciones y Procedimientos Judiciales. Con esta estrategia, el líder del PJ regional busca diferenciarse del senador provincial Lisandro Enrico, quien permaneció a cierta distancia de las gestiones municipales por el desembarco de los organismos federales, a la vez que siempre dispuesto a sacar la cara en defensa de las políticas del ministro de Seguridad provincial, Maximiliano Pullaro (aunque con crítica al Poder Judicial).

Afinidad especial

Para comprender el fenómeno hay que remontarse al primer desembarco de Gendarmería, en 2008, con el Destacamento de Seguridad Vial, en los primeros tiempos de Cristina en la Casa Rosada y de Freyre en el Sillón de Aufranc. Con altas y bajas, la fuerza logró imponer respeto y la mayoría de la población valoró su aporte a la seguridad local, más aún cuando en diciembre de 2015 el nuevo Gobierno retiró el escuadrón, hasta que ordenó su vuelta a fin de 2016. La verdad es que la presencia de gendarmes es parte del ADN de la gestión Freyre. No sólo por su arribo en la era K, sino también por las incansables gestiones para su jerarquización; y con la apertura del Juzgado Federal -donde también fue gran gestor el gobierno local-, surgió la chance de radicar unidades de colaboración con el juez federal Aurelio Cuello Murúa, que también hizo lo suyo para contar con el nuevo escuadrón desde el comienzo del año. Por su parte, Enrico, omnipresente en casi todas las realizaciones de fuste a nivel local y regional, no asumió el mismo rol protagónico en las gestiones por el Juzgado Federal y los organismos de Gendarmería, donde siempre el Municipio fue más activo. Tampoco el gobernador Miguel Lifschitz trabajó después de hora para satisfacer a la plana mayor de Gendarmería con la cesión de las instalaciones pretendidas (sede de Vialidad provincial), en tanto que Freyre no vaciló en mudar reparticiones propias para cobijar a la fuerza federal devenida niña mimada, así como había invertido cuantiosos recursos en el alquiler del edificio del Juzgado Federal. Otro aspecto que descubre el contraste es el caso del alto jefe policial Marcelo Gómez, que desde su condición de número uno de la Unidad Regional VIII, hasta se atrevió a mandar al intendente Freyre a salir de la comodidad de su despacho y recorrer las calles antes de criticar un presunto déficit de patrullaje; lejos de reprender al funcionario ante la inédita escalada verbal, el ministro Pullaro lo ascendió a la estratégica jefatura de la Unidad Regional II, con jurisdicción en el departamento Rosario, en busca de poner fin a las balaceras narco en la Chicago argentina. En las antípodas de Gómez, el comandante general de Gendarmería, Gustavo Campagno, afirmó que "sin el apoyo del intendente esto no hubiera sido posible, no solo por el respaldo material sino también el anímico, porque encontramos en José Luis Freyre a un amigo de la Gendarmería y así es mucho más viable concretar los objetivos de la comunidad". Y para ratificar la estrecha relación, reveló que "Gendarmería es muy bien recibida en todos lados, pero con Venado tenemos una afinidad especial". Asimismo, mientras Freyre se apalanca en el Juzgado Federal y la Gendarmería que desembarcaron de su mano para combatir el narcotráfico, Enrico milita a capa y espada en el plano legislativo santafesino una ley de narcomenudeo (con media sanción del Senado desde julio último) con el objetivo de desfederalizar la lucha contra el narcotráfico y que así el Poder Judicial santafesino pueda intervenir en la investigación de esos delitos. 

Alianza de PJ y PRO

En el transcurso de sus 11 años de mandato, Freyre fue vaciando su cargador de balas de plata, y sabe que en los últimos 11 meses de gobierno no debe desperdiciar las reservas. A punto de doblar el codo y entrar en la recta final de la campaña, una de sus estrategias es aliarse con la fuerza federal que la mayoría de los venadenses asocia con un mayor profesionalismo e, incluso, con mano dura en la actuación contra el delito. Y este vínculo se vuelve más favorable cuando la seguridad que debe brindar el gobierno santafesino vuelve a flaquear en las principales urbes, y también en pequeñas localidades. Con cierto parentesco ideológico en la práctica, el precandidato a gobernador por el PJ, Omar Perotti, y los principales referentes del macrismo (como el diputado provincial Federico Angelini), son conscientes de que el gobierno santafesino no es tan vulnerable en obra pública, ni en salud, ni en educación, ni cultura, ni en transparencia, ni en descentralización, pero sí arrastra sus penurias en el combate contra el crimen organizado y el delito de menor cuantía. Por eso no es casual que unos y otros comiencen el tramo clave de la campaña con reproches hacia las políticas de seguridad de la Casa Gris. Así será a lo largo del semestre, y más de una vez se reiterará esa sutil complicidad en la acción entre el PJ y el PRO, inquietos con encuestas que desde el vamos colocan al socialista Antonio Bonfatti como el candidato con mayor intención de voto en la pugna por el Sillón del Brigadier. En Venado, un episodio emblemático sucedió apenas la UCR de General López confirmó su continuidad en el Frente Progresista, Cívico y Social, y por ende, su coalición con el PS. Poco después se renovaron las autoridades del Concejo y, sin ponerse colorados, el pragmático PJ y el despechado PRO se repartieron los principales cargos, excluyendo al bloque más numeroso (cuyos miembros radicales y socialistas agacharon la cabeza porque en otras ocasiones urdieron operaciones semejantes). Así las cosas, el justicialismo, tanto en la provincia, como en la ciudad, considera que el enemigo a vencer es el Frente Progresista, y no duda en desplegar un discurso afín con el macrismo en el tema seguridad. "Con la Nación siempre tuvimos una relación llana. Nosotros gestionamos el gasoducto, la autopista, un montón de cosas, y la Nación siempre fue directa, decía esto se puede, esto no. En cambio, en la Provincia tuvimos más idas y vueltas", definió Freyre en su balance de fin de año, admitiendo su mejor relación con el PRO que con Lifschitz. Por esas cosas de la política, aunque tiempo atrás era el senador Lisandro Enrico (cada día más cerca de confirmar su candidatura a la reelección) el que se abrazaba a la bolsonarista ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, y pedía mayor severidad a jueces y policías (lo sigue haciendo), hoy es el intendente Freyre (a punto de confirmar su postulación para un cuarto mandato) quien agradece a la Casa Rosada y rinde pleitesías a la misma Gendarmería que el falso progresismo condenó en tiempo récord por el supuesto crimen del artesano Santiago Maldonado en las gélidas aguas del río Chubut. 

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