07/10/2019

ACCIDENTE FATAL DEL PARAPENTISTA CONTADO POR EL INSTRUCTOR JOSE LUIS SOSA VOLVER

"Claudio Kegalj sigue volando en Famatina y en esos cerros que tanto amó"

Por: Juan Franco
Análisis

Aunque sea un deporte extremo, y por ello de alto riesgo, del que son conscientes sus cultores, la muerte del venadense Claudio Kegalj practicando parapentismo en los cerros de La Rioja no menguó el dolor de la ciudadanía, y menos aún de familiares y allegados. Mucho se habló en esas primeras horas, tras la desaparición del deportista que había iniciado la travesía el viernes 27 de septiembre, y en busca de disipar todas las dudas, José Luis Sosa apeló a medios periodísticos y redes sociales, ya que integró la expedición, junto con el malogrado Kegalj y un tercer piloto, viajando juntos desde Venado.

"Claudio era un piloto con 12 años de experiencia, y si bien fui su primer instructor, además de vecino y amigo, él después hizo varios cursos con expertos en la materia y su preparación física era óptima, como también su equipamiento, de la tecnología más avanzada, con todo el instrumental indispensable", señaló el instructor José Luis Sosa, con más de dos décadas en la profesión, para establecer que no hubo improvisación en la actividad. También detalló que el equipamiento incluye, entre otros elementos, asistente de vuelo, GPS y sistema SPOT, por el cual se puede detectar con absoluta precisión la ubicación del piloto en forma satelital ante una emergencia. "Claudio era un obsesivo que siempre tenía todo bajo control, era muy estudioso y contaba con instrumental de última generación. Hasta los parapentistas más avanzados lo consultaban porque sabían de sus conocimientos, y él, con su humildad y generosidad, siempre estaba dispuesto a colaborar; de hecho, uno de mis mayores orgullos era que el alumno había superado al maestro", puntualizó.

"El propio Claudio hizo el estudio meteorológico para el viaje de distancia planificado en el cerro Nueva Cuesta, en Famatina, hasta Chilecito, y todo estaba en orden. Esa zona es muy conocida por nosotros, y estimo que Claudio voló más de 15 veces entre esos cerros, una ruta habitual para luego seguir rumbo a Catamarca", describió Sosa. "Esperamos el mediodía para el despegue porque con el sol bien arriba se generan corrientes ascendentes, y en esta época se aceleran los vientos hasta los 45 km/h y permiten convertir la altura en distancia. Una vez que llegamos a la rampa, Claudio y yo empezamos a armar los equipos", graficó el instructor sobre los sucesos del viernes 27. "Cuando mi amigo despega el viento se volvió más intenso y yo le comunico por radio que esperaría unos minutos para inflar la vela, mientras él me responde que en altura no había turbulencia. Así que unos minutos más tarde despego y Claudio me cuenta que estaba por iniciar el cruce del Capayán, donde se requiere alcanzar 2 mil metros de altura para trasponer la montaña, y minutos después me confirma que había completado el cruce, con bastante turbulencia, y se dirigía hacia Chilecito. En cambio, yo no logré la altura necesaria y como los vientos me sacudían mucho, giré hacia el norte para hacer un planeo de 15 minutos y aterrizar. En ese instante Claudio avisa que había llegado a Chilecito", relató el instructor sobre una jornada hasta entonces normal. 

Malos augurios

Tras su rutina de vuelo, y a la espera de su amigo, Sosa se instala en el hostel de Famatina, se baña, duerme la siesta y vuelve a la rampa, donde le cuentan que Claudio había pasado de vuelta de Chilecito y seguía hacia el norte. A las 17, José Luis sale a volar otra vez por más de una hora y aterriza en el punto de partida. Y a las 20, cuando vuelve al hostel, le dicen que Kegalj no había regresado. "Me resultó extraño porque demoraba y no se comunicaba", admitió. "Sabía que a esa hora no podía estar volando y presumimos que había aterrizado, aunque no sabíamos dónde", añadió. Apenas anochece empiezan la búsqueda con policías, bomberos y numerosos parapentistas, pero sin éxito, y en el segundo día se suman rescatistas, baqueanos y también Gendarmería con su helicóptero, que autorizó a Sosa a participar del operativo, hasta que en el tercer día de búsqueda el venadense visualiza a Claudio y su parapente sobre una ladera del cerro El Paimán, a más de 1.950 metros de altura. En principio el piloto no creyó en la observación de Sosa, pero intensificó el rastrillaje y el copiloto identificó la vela colgada desde unos 40 o 50 metros de distancia. "En ese momento grito '¡Claudio, te veo!' y lo escucharon todos los parapentistas porque habíamos hecho una red radial en toda la zona. Enseguida el piloto enfila la aeronave de frente hacia la ubicación de Claudio y lo observamos con mayor nitidez... estaba sentado sobre su arnés de parapente, como si estuviera volando, esa imagen no la olvidaré en el resto de mi vida", confesó Sosa con voz entrecortada, hasta romper en llanto. "Cuando nos aproximamos, quizá por efecto del viento, la vela se balanceó, y en el movimiento de la cabeza y el brazo de Claudio los gendarmes y yo creímos ver un saludo", manifestó. Tanto es así que el piloto descendió bruscamente en busca de un auxilio que actuara enseguida para evitar la caída al vacío de Kegalj. Casi sin combustible en la nave, se sumaron un rescatista y un paramédico, y volvieron a ascender a la montaña para dejar a los socorristas lo más cerca posible, a unos 300 metros de la posición de Claudio, y después, con lo justo, aterrizó a la vera de la ruta 40, con arrojo y pericia admirables. 

"Todo era algarabía porque lo habíamos encontrado el domingo 29 y lo creíamos con vida", exclamó. "La angustia aún seguía, porque él estaba allá arriba, pero la felicidad de haberlo hallado era inmensa", acotó Sosa, quien esa misma noche, en el aeropuerto de Chilecito, donde buscó la camioneta que había dejado para trepar al helicóptero de Gendarmería, recogió versiones de la policía y bomberos sobre el estado de Claudio, que habría sufrido fracturas y estaría fuera de peligro. "¡Tu amigo está vivo!", le gritaban y lo abrazaban. "Entre lo que había visto y lo que contaban, me convencí de que estaba vivo, y apenas vuelvo a Famatina le comunico eso mismo a la familia... que lo había visto, que estaba siendo asistido en la montaña, con lesiones pero sin riesgo de vida", continuó. "Al día siguiente desperté feliz y con ganas de compartir la buena noticia con la gente de Venado, que tanto había rezado y se había preocupado por la desaparición", agregó. Así trascendió el presunto hallazgo con vida de Kegalj, sin sensacionalismo ni mala intención, basado en los indicios y, sobre todo, en el deseo de que estuviera vivo, hasta que cuatro horas más tarde se supo que los rescatistas habían verificado la muerte en el choque contra la montaña. "Hoy me consuela saber que no sufrió -así lo confirmó la autopsia- y me quedo con la íntima sensación de que Claudio sigue volando en Famatina y entre esos cerros que tanto amó. De ahora en adelante, en cada nuevo vuelo, él viajará con cada uno de nosotros", concluyó.

       

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