14/10/2019

ANALISIS VOLVER

El Teorema de Baglini también aplica en Venado

Por: Juan Franco
Análisis

Cada vez que se avecina un cambio de gobierno, en el mundillo de la política es frecuente apelar al teorema de Baglini -puesto en palabras por el diputado nacional de la UCR mendocina Raúl Baglini a mediados de los '80- para comprender los giros copernicanos de los protagonistas, no tanto en la perspectiva ideológica, pero sí en los tiempos, los tonos y los gestos. Una de sus formulaciones asevera: "Cuanto más lejos se está del poder, más irresponsables son los enunciados políticos; cuanto más cerca, más sensatos y razonables se vuelven", y una de sus derivaciones manifiesta: "A medida que un grupo se acerca al poder, va debilitando sus posiciones críticas al gobierno". 

En Venado, con matices, el axioma se cumple una vez más en esta transición con las actitudes del intendente electo Leonel Chiarella, un boina blanca como Baglini, que según se aproxima su asunción en el Sillón de Aufranc, sostiene posiciones más equilibradas y dialoguistas, cada día más lejos de la vehemencia que desde sus comienzos como concejal, a fines de 2015, y antes aún, como funcionario del Nodo 5, hacían recordar los modos iracundos de Roberto Scott y Domingo Savino en los años '90, o el perfil contestatario de Fabián Vernetti en estos tiempos, todos ellos de distinto origen partidario, pero con el mismo ímpetu en la práctica política. En tal sentido, el intendente electo supo modificar su tormentosa relación con el gobierno municipal de José Luis Freyre, no sólo propiciando un buen clima en las deliberaciones de la Mesa de Transición, sino también en la mesa ratona creada para elaborar acuerdos de mutua conveniencia en las cuentas públicas, donde se abrochó el pacto político luego legitimado con la aprobación legislativa del régimen de regularización de deudas por Derecho de Registro e Inspección (DRI) y Tasa General de Inmuebles (TGI). Sin dudas, la moratoria promueve una salida sin sobresaltos de la actual gestión (abonando sueldos y aguinaldos en tiempo y forma) y, además, facilitar a la nueva administración una elemental estabilidad económica en los primeros meses de 2020. Incluso se pueden hallar semejanzas en otros niveles de gobierno con transiciones en desarrollo, donde Alberto Fernández -el más votado en las primarias presidenciales- o el gobernador santafesino electo Omar Perotti, se muestran predispuestos a poner el cuerpo para evitar situaciones conflictivas en estos meses que podrían afectar el inicio de sus mandatos a partir de diciembre. Aplicando el mismo teorema, Chiarella reivindica con más frecuencia en las últimas semanas las políticas de Freyre en el área social (salud, educación, deportes, recreación, cursos de oficios, talleres culturales, etc.) y rescata los valiosos principios de acuerdo con el jefe del gremio de trabajadores municipales, Juan Arigoni. 

Pero no sólo los que están cerca de encaramarse en funciones públicas modifican conceptos y gestualidades; también suelen descubrirse esas tendencias en empleados municipales de distinto rango que en el transcurso de gobiernos largos exteriorizan sus simpatías con el intendente de turno (incluso algunos asumen cargos políticos que luego resignan para regresar a planta permanente antes de que sea demasiado tarde) y después, ante el cambio de signo político, sin que nadie se lo pida, se adaptan a los nuevos vientos haciendo gala de un desarrollado instinto de supervivencia y, a veces, incurriendo en el insoportable fanatismo de los conversos. Otro fenómeno que hoy mismo se verifica en algunas reparticiones de la administración es una mayor contracción al trabajo, tal vez en respuesta a la advertencia pública de Chiarella, quien sostuvo que no piensa en despidos, aunque alertó que será implacable con todos aquellos que no cumplan con sus responsabilidades. "Todos tenemos nuestros derechos, pero también nuestras obligaciones", suele reiterar el sucesor de Freyre. 

Sin embargo, el leonino desafío del ordenamiento del tránsito urbano, al que la mayoría de los gobernantes municipales rehúye por sus efectos piantavotos, se impone como una excepción local al teorema de Baglini, pues en esa cuestión Chiarella se afirma en las antípodas de la actual administración, y asegura que no teme a los presuntos costos políticos de implementar políticas rigurosas. Según interpreta, los propios venadenses las están exigiendo ante el desmadre que se manifiesta en varias áreas y, en particular, en el anárquico tránsito vehicular. En este sentido, citó el caso de ciudades vecinas gestionadas por el Frente Progresista, como Firmat y Villa Cañás, que si bien son bastante más pequeñas, exhibieron una férrea voluntad para cambiar hábitos culturales y lograron los objetivos. Con esa convicción, ya no quedan dudas de que el actual concejal impulsará una paciente etapa de concientización y la posterior aplicación de sanciones a los infractores, en busca de mejorar la convivencia comunitaria y convertir a Venado en una ciudad más amigable. 

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