01/04/2020

RECUERDOS IMBORRABLES DEL OTOÑO DEL '82 VOLVER

Malvinas: "Rezar cada noche por ver el sol al otro día"

Por: Norma Migueles
Cronista

Mañana, 2 de abril, se conmemora el Día del Veterano y los Caídos en la Guerra de Malvinas, ya que en ese día de 1982 las tropas argentinas desembarcaron en territorio de las Islas Malvinas, tomando el territorio bajo bandera argentina. En noviembre de 2000, a través de la Ley 25.370 este día fue declarado en homenaje a los combatientes caídos y sobrevivientes de la guerra y sus familias.

Vivimos tiempos aciagos, donde se naturaliza la violencia, escasea la empatía e impera el individualismo. Los soldados que volvieron trajeron otra mirada y para ellos "el día" del veterano es todos los días, donde se amigan con los recuerdos, aun los más dolorosos y se aferran a pequeños momentos que se rememoran en algunos encuentros de camaradería con otros veteranos. Otros no pudieron vencer sus demonios y terminaron el destino que no pudieron marcar las balas.

Este año los actos oficiales no se van a realizar por el aislamiento obligatorio, así es que programaron encuentros virtuales a través del uso de la tecnología, en la búsqueda de lograr que en algún tiempo el pueblo argentino sienta esa guerra como propia y no como una gesta propia de los veteranos.

En el pozo

Varios hijos de Venado estuvieron en la guerra, algunos de ellos adolescentes que ni habían llegado a jurar la Bandera, tal es el caso del actual presidente de la Unión de Veteranos de Guerra del Sur de Santa Fe, Ricardo Rubíes, quien arribó al territorio malvinense con las primeras tropas y permaneció en él hasta el fin de la guerra. Gran parte de ese tiempo, casi 45 días, los pasó en un "pozo de zorro"-trinchera costosamente cavada en el piso rocoso de la isla- con la orden de evitar el desembarco, escabullendo el cuerpo a las balas de los cañones ingleses que los bombardeaban desde el agua.

El pozo se convirtió en el hogar donde pasaban sus días y noches. "Nos metíamos al pozo y lo único que pedíamos ver era el sol al otro día, porque llegaba la noche y empezaban los bombardeos. La vida era la única ambición", resumió.

"El bombardeo naval de los ingleses empezó el 1 de mayo y finalizó el 14 de junio. Durante todas esas noches soportamos un agotador ataque, pero la orden era permanecer cuidando la costa y lo único que podíamos hacer era resguardarnos en la trinchera. En algunas oportunidades observé cómo caían las bombas a pocos metros y los pedazos de tierra llegaron hasta la trinchera. Los que no teníamos armamento adecuado para responder al bombardeo sólo podíamos escondernos, no se podía huir porque era muerte segura", relató Rubíes.

El instinto les mandaba escapar del peligro, pero el raciocinio los retenía hundidos en la tierra rocosa; la adrenalina empezaba cuando sentían el ruido del cañón y luego el silbido de las bombas, después rogar para que no cayera dentro de la trinchera, como ocurrió en otras, cobrando su tributo en vidas. No había otra que quedarse en el pozo y rezar para que no cayera la bomba encima.

"Nuestra misión era cubrir el posible desembarco de las tropas inglesas en territorio, yo estuve 70 días en las islas, y siempre en ese lugar porque teníamos misiles antitanques. Primero hicimos pozos de zorro chicos, con mucha dificultad porque es un suelo muy duro y rocoso. Con el tiempo empezamos a ampliarlos, e incluso yo puse dos cajas de misiles como cama y sobre ellas los colchones inflables par dormir. Con lo que conseguimos, pudimos hacer el techo para protección aérea y se convirtió en suerte de casa", detalló.

Luego vino la rendición y el Día de la Bandera, 20 de junio de 1982, luego de haber estado una semana prisioneros de los ingleses, los encontró subiendo al Almirante Irizar y un par de días después llegaban a Ushuaia, desde donde los fueron llevando a sus respectivos cuarteles.

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