18/05/2020

ENFOQUE DE LA PSIQUIATRA INFANTO-JUVENIL NATALIA SEGRE DELEAU VOLVER

Niños y adolescentes, más resilientes a la salida del aislamiento

Por: Juan Franco
Análisis

El próximo miércoles se cumplirán dos meses de un aislamiento social, preventivo y obligatorio por la pandemia de coronavirus que abarcó a toda la población y fue más estricto aún con los niños y los adolescentes, quienes recién una semana atrás, con el cambio de fase, pueden acompañar a sus padres -sólo hasta los 16 años- a realizar compras en cercanías del domicilio. Tal vez porque son los que menos riesgos corren con el Covid-19, ellos no estaban en agenda, hasta que se visibilizaron "efectos secundarios" del encierro. Según transcurren las semanas, aunque casi nadie duda de los efectos beneficiosos del confinamiento para evitar que el coronavirus haga estragos con un contagio masivo de la comunidad, empiezan a adquirir notoriedad las consecuencias de la cuarentena en otros aspectos, como el económico y el psíquico, y hasta en las patologías preexistentes que se habían desatendido.

Consultada por El Informe, la psiquiatra infanto-juvenil Natalia Inés Segre Deleau observó que "la situación actual nos afecta a todas las generaciones, y si bien no es igual cómo lo vive un niño, un adolescente, un adulto o un adulto mayor, nadie va a ser el mismo después de este momento histórico en virtud de los cambios que se están produciendo en todos los aspectos de la vida a nivel mundial". Sobre el impacto del encierro en niños y adolescentes, la especialista admitió que "es difícil generalizar porque son muchas las realidades, y muy diferentes entre sí, variando según la edad, la historia particular de cada sujeto y el entorno familiar en el que se desenvuelve desde que empezó el aislamiento. Los niños y adolescentes -continuó- están acostumbrados a vincularse con la familia, la familia extensa, los amigos, la escuela, las actividades extraescolares, y de pronto estar en casa, donde hay que habituarse a una nueva rutina, puede que no sea tan sencillo".

"Luego de una reacción inicial de posible entusiasmo por la suspensión de las clases, no estar abrumado por horarios y obligaciones, el compartir en familia, los niños deben comprender que sus padres están, pero tienen variadas obligaciones laborales desde casa, además de la enorme cantidad de tareas domésticas que demanda un hogar, y por lo tanto no están disponibles todo el tiempo, porque no son vacaciones, así que esta ambigua situación genera desconcierto y sentimientos de angustia", observó la docente de la Facultad de Psicología de IUNIR.

A continuación, y en referencia a los adolescentes, puntualizó que "por su etapa evolutiva deben comenzar a descubrir nuevas relaciones y actividades fuera del hogar y necesitan para su desarrollo esos nuevos afectos, así como también apartarse de la mirada de los padres, entonces se sienten abrumados por la omnipresencia familiar, dando origen a situaciones conflictivas, de angustia por el exceso de control, o el sentimiento de invasión a su intimidad".

Más adelante, en relación con la educación a distancia, la coordinadora médica de Atina Salud señaló: "Hay que considerar el estrés que genera en niños y adolescentes la nueva situación escolar, donde hay una presencia virtual y se ponen en juegos diferentes mecanismos para poder afrontarlo, en ocasiones quedando muy expuestas las limitaciones cognitivas, afectivas y económicas".

"Con el pasar de los días comenzó a aparecer en los hogares el aburrimiento, la impaciencia, la soledad y las dificultades de los padres para compatibilizar el cuidado de los niños con el trabajo, establecer límites y ordenar la jornada familiar, además de la incertidumbre ante una situación en continuo cambio", explicó la conferencista. Y agregó: "Si bien la situación estresante afecta a todas las personas, en aquellas con alguna predisposición se puede observar que están desarrollando trastornos del sueño, angustia, crisis de ansiedad, tristeza; y en los que cursan la última etapa de la secundaria o inician sus estudios superiores, descubrimos desánimo e incertidumbre sobre el futuro", describió, acotando que otras veces, por el contrario, "se observa alivio por no tener que salir ni socializar, sobre todo en los casos de inhibición, fobias o en aquellos que cursan alguna otra enfermedad que requiera un aislamiento".

-¿El aislamiento riguroso era la única alternativa contra el virus, o se hubieran atenuado trastornos psíquicos y otros "efectos secundarios" si se adoptaban otras estrategias?

-Creo que otra opción hubiera sido sería el aislamiento selectivo y controlado, pero admito que es muy difícil de llevar a cabo, ya que se necesita una excesiva responsabilidad social. Sin embargo, es fundamental contemplar algunos casos especiales, por ejemplo, en el trabajo con niños con discapacidad, habitualmente la rutina es necesaria para el equilibrio emocional, y el encierro prolongado puede desencadenar crisis que afectan al niño y su entorno.

-Hay un mayor uso de "las pantallas" en niños y adolescentes, ¿será difícil lograr un equilibrio en la pos-pandemia luego de tanta centralidad de la tecnología en juegos, estudio y vínculo con familiares y amigos?

-El abuso de las pantallas es algo que ya se viene dando y preocupando a la Organización Mundial de la Salud (OMS), tanto por la cantidad de horas que pasan frente a la pantalla, como así también por la precocidad en esta relación, ya que si bien los menores de dos años no debieran tener acceso al mundo virtual, es frecuente observar que de todos modos lo tienen. La cuarentena en muchos casos aumentó las horas de exposición, dado que al tiempo que habitualmente niños y adolescentes usaban como recreación, se le sumaron las horas de actividad escolar y social. Por eso es fundamental que como adultos responsables dosifiquemos la virtualidad de un modo amigable y firme para que sea usada en forma necesaria y con la justa medida.

-El Covid-19 expuso dificultades para seguir el proceso educativo fuera de las aulas, ¿alcanza con lo que se está haciendo en forma virtual? ¿Se sobrecarga a los padres?

-La pandemia nos encuentra con un sistema educativo que debe amoldarse y reinventarse. Esta situación es difícil para padres y docentes. En ambos lados se deben afrontar diferentes situaciones, muchas veces similares: no todos tienen acceso a computadoras, a la red wifi, a una impresora; hay familias con varios integrantes, lo que complica aún más el acceso al material y la conectividad; padres que se les hace difícil acompañar el proceso educativo por distintos motivos, como escaso conocimiento o complicaciones laborales. Además, no olvidemos que los docentes también tienen familia y pasan por todas estas situaciones cotidianas, con las mismas problemáticas. No es en la cantidad donde está la excelencia académica, sino en la forma que puedan afrontar y resolver todas estas vicisitudes, de ambos lados, o sea, del hogar y de la escuela. Cada uno, desde el lugar que ocupa en el sistema, está haciendo lo mejor posible, y si bien no habrá calificaciones convencionales, seguramente se podrán evaluar montones de aprendizajes, no académicos, que resulten del haber sido parte de este escenario que hoy nos toca, improvisado pero real.

-Con el regreso de las clases presenciales en algunos meses, ¿qué impacto emocional puede esperarse en los chicos?

-Creo que los chicos saldrán resilientes de todo lo que estamos viviendo, ellos ya van encontrando formas -hoy virtuales- de conexión, como un saludo, un mensaje, una canción. Van a estar ávidos de jugar, de nutrirse del otro y sobre todo habrán crecido mucho, llevando numerosas experiencias y anécdotas para compartir que, más allá de todo, son las que hoy los están fortaleciendo. Como adultos resulta interesante, quizá, aprender de ellos, de sus modos de crear, de investigar, de explorar y buscar nuevas formas.

-Como sociedad y como individuos, ¿nos puede dejar algún aprendizaje este severo e inesperado aislamiento social?

-En un inicio la incertidumbre, el miedo y la desesperación, sacó lo peor de algunas personas, con horribles escenas de discriminación para con aquellos que atravesaban la enfermedad o podrían transmitirla. Hoy pudimos repensarnos, reconocer esas malas actitudes y estrechar los lazos que nos unen en pos de llegar pronto al fin de esta situación. Si asumo que es imprescindible mi solidaridad con el otro, y que la consecuencia de mis acciones es lo que define la manera que, como comunidad, lograremos salir de esta instancia, habremos construido una sociedad más generosa, empática, solidaria y responsable. Quiero creer que es posible.

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