09/09/2020

ANALISIS VOLVER

Municipio y Provincia sumaron tensión política al estresado sistema de salud

Por: Juan Franco
Análisis

Mientras crecía el descontento de la población venadense, al ritmo frenético de páginas web, redes sociales y chats, el intendente Leonel Chiarella, acompañado del secretario de Salud y Desarrollo Social, Marcelo Krenz, se reunió personalmente -nada de virtualidad en este caso- con el director regional de Salud, Pedro Bustos, y el director del Hospital Gutiérrez, Daniel Alzari. ¿El motivo? Tal como lo aconsejaba el sentido común, las autoridades políticas y sanitarias más influyentes en la gestión regional de la pandemia de coronavirus debían atenuar el contrapunto mediático que Municipio y Provincia encarnaron en las últimas jornadas. Y que estalló este martes con el comunicado de Bustos y Alzari tras el ofrecimiento del Gobierno local de nueve enfermeras para el Hospital y la intervención del periodista Alejandro Fantino en la política local con duros ataques a Chiarella en su ciclo vespertino de América TV. Tras la escalada belicista, unos y otros deben comprender que no tienen margen para que el más mínimo disenso político perturbe la estrategia sanitaria que debe aunarlos. Más aún hoy, cuando se multiplican contagios y muertes, y escasean camas y personal. Siempre hay que tener en cuenta el marco, y Venado, ahora sí, tiene miedo, lo muestran las calles desiertas. Y también tiene bronca, lo prueba el disgusto con pugnas aplazables.

Show de la Pandemia
Pero, ¿cuándo se resintió la relación entre Municipio y Provincia? A partir de la multitudinaria movilización de comerciantes del último sábado desafiando el decreto que el gobernador Omar Perotti comunicó en forma confusa la noche previa. Se sabe que el intendente Chiarella impulsó restricciones horarias para evitar el cierre de actividades, incluso antes del retroceso de fase, pero los referentes locales del PJ se convencieron de que la rebelión de comerciantes y afines no había sido espontánea, sino incentivada desde el Municipio, y para colmo con fuerte costo político para la Casa Gris en función del masivo rechazo a la drástica medida. Sin embargo, la desobediencia no es propiedad del comercio local, sino que se extendió a las principales localidades de los departamentos involucrados. En espejo, desde San Martín y Marconi sospechan de sus opositores y nadie les saca de la cabeza que la "Operación Fantino" (así la llaman) se montó en carácter de represalia. Echando más leña al fuego, recuerdan que el relator de fútbol reconoció años atrás sus intenciones de ser gobernador de Santa Fe y dio pistas sobre su futuro alineamiento: "Siempre te dicen que para poder jugar hay que hacerlo desde el peronismo". Yendo a los hechos, en su programa "Fantino a la tarde", el conductor dedicó varios minutos del último lunes a erosionar a Chiarella, al que culpó de fogonear la marcha de comerciantes cuando escaseaban las camas críticas. Y el martes volvió a la carga, tildando al político venadense de "poco solidario" y asegurando que los enfermeros ofrecidos por Chiarella al Hospital Gutiérrez los solventaría la Provincia y no la Municipalidad, cosa que en principio se atribuyó a otra imprecisión del animador, aunque el comunicado de la Dirección Regional de Salud y el Hospital Gutiérrez que se conoció horas más tarde en la ciudad, sugestivamente, no hizo más que confirmar ese anticipo televisivo cuando aclaró que la Provincia tiene recursos económicos para esos contratos. En consecuencia, así como el gobernador Perotti y el PJ regional están persuadidos de que Chiarella "autoconvocó" la movilización que tanto los descolocó, en cercanías del Sillón de Aufranc no creen que el repentino interés periodístico de Fantino por los sucesos locales sea fruto de la casualidad.

Enfermeras de Chiarella
En forma paralela, el Gobierno venadense elaboró en el fin de semana una estrategia de alto impacto con el ofrecimiento a la Provincia, a través de la Dirección de Salud Regional, de hacerse cargo de los haberes de nueve enfermeras para habilitar la unidad restante de cuidados intensivos del Hospital Gutiérrez. En una jugada a dos puntas, exaltaba su aporte al sistema de salud regional y neutralizaba la crítica opositora de privilegiar la economía en detrimento de la salud. Sin embargo, en cierta forma acabó acorralando a los galenos peronistas, que en caso de aceptar la oferta estarían admitiendo que la Provincia no es capaz por sí sola de reclutar y financiar personal sanitario indispensable para reforzar la Terapia Intensiva. Claro que en su réplica, Bustos y Alzari, puestos a defender un escrito que contrasta con su estilo conciliador, sostienen que el problema no es económico, sino que "el limitante es el recurso humano para cubrir dichas vacantes", argumentaron. Y completaron el contraataque alertando que "es indispensable la colaboración de las autoridades municipales en el control de circulación de la población para reducir drásticamente estas cifras (de contagios), de lo contrario, no será posible duplicar la capacidad de atención médica cada 10 días". Hasta allí lo que se ventiló en público. En las próximas horas se sabrá si la cumbre de la noche del martes sirvió de algo y ceden los tiros por elevación para reanudar la buena relación que la comunidad está exigiendo. En principio, trascendió que las autoridades sanitarias regionales revisaron la actitud manifestada en el comunicado y se entabló un diálogo para canalizar el ofrecimiento del Municipio.

El secreto mejor guardado
Si bien los tramos del showman Alejandro Fantino y de las revalorizadas enfermeras son los más coloridos, hay otro capítulo que no habían contado en esta novela. Cuando corría la cuarentena de casos dispersos, nadie hablaba del recurso humano, no era un problema, no aparecía en ningún radar. Incluso en el Hospital Gutiérrez aseguraban contar con 20 camas de terapia intensiva (10 Covid y 10 polivalentes) y el personal necesario, junto con los refuerzos que se habían dispuesto en la Peña Boquense y el ex Sanatorio Beroiz. También precisaban las autoridades médicas a mediados de julio que ante un pico de contagios ya existía un acuerdo con los sanatorios para que se ocuparan de los pacientes no Covid y el Hospital recibiera todos los Covid.
Todo era tranquilidad y suficiencia... cuando no había contagios. Eran tiempos en que se aludía a número de camas descontando que todas ellas tenían el personal de sanidad incorporado. Hasta que irrumpió un aviso contundente desde las entrañas del sistema de salud: "¡Nosotros nos preparamos durante cinco meses para funcionar de una manera y cuando empiezan a aparecer los contagios en serio se cambia todo de golpe!", sacudió el director del Sanatorio San Martín, Emilio Venturelli, reprochando que de la noche a la mañana (¿por orden del Ministerio de Salud santafesino?) se le asignaran pacientes Covid (con obra social), lo que obligó a una compleja sectorización del edificio, sin que ello pudiera eliminar totalmente el riesgo de contagios y, en consecuencia, de suspensiones de servicios de alta complejidad que son únicos en el departamento General López. Sin lugar a dudas, esta repentina derivación de pacientes Covid hacia los sanatorios privados hizo sospechar de la fortaleza hospitalaria y, en particular, de la disponibilidad de personal. Un recurso humano que históricamente es deficitario en el área de la salud y cuya carencia no se debe achacar a este gobierno provincial, aunque sí es criticable que recién lo admitiera cuando arreciaron los contagios de coronavirus. Se perdió un tiempo precioso. Además se alega que el problema es la escasez de profesionales y no el recurso económico, exponiendo una contradicción con los bajos salarios de los trabajadores del sector, que a veces cobran con atraso, y con escuelas de enfermería provinciales que en Venado y otras sedes siguen de paro y con los misérrimos presupuestos de siempre.


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