14/09/2020

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SANTA ISABEL - Caso Federicio Landriel, la crónica de un homicidio que conmovió la región

Por: Norma Migueles
Cronista

Quizás hubiera sido mejor contar otra historia sobre Federico Landriel, un pibe joven de ojos tristones, padre de familia, quien trabajaba como tantos otros habitantes de Santa Isabel en el semillero. Una historia común, la de un laburante más. Como queda a pocos kilómetros del casco urbano, cada mañana apenas amanecía cruzaba la ruta en la bicicleta y se encaminaba por la calle de tierra hasta la empresa cerealera. Vida normal, cotidiana, con pocas emociones que llamen la atención del que no las protagoniza. Los vecinos decían de él que era "un chico bueno y trabajador", con su hogar reconstituido unas semanas atrás, dándose otra oportunidad de ser feliz. Pero esta es una crónica policial y trata sobre la muerte del joven isabelense, no sobre su vida.

Las cartas de Federico ya estaban marcadas cuando en la madrugada del viernes 29 mayo se despertó sobresaltado y se dio cuenta de que se había quedado dormido. Eran más de las cinco, se lavó la cara, montó la bicicleta y rápidamente tomó la calle Francia, diariamente recorrida, ya que lo llevaba hacia las afueras del pueblo, antes de llegar a ruta 94. Lo que no sabía es que, agazapada entre los arbustos, la muerte aguardaba su paso.

Muerto en la 94

Mientras el muchacho avanzaba ya casi para cruzar la ruta 94, lo alcanzaron dos pibes en moto para pedirle algo, Federico frenó y sin bajarse les negó porque estaba apurado, llegaba tarde y lo iban a sancionar. No pudo pensar más nada porque un rudo golpe en la cabeza le hizo perder el equilibrio y mientras caía, pensaría qué estaba sucediendo... se hacía tarde. Cayó de cara contra el polvo, alcanzó a oír el ruido seco, un estallido y todo se volvió negro.

Minutos después una de las chicas, que también iba al semillero, pasó y vio un hombre caído de cara al piso y sin haber desmontado de la bicicleta.

Se avisó a los bomberos, descubrieron quién era y en forma inmediata trataron de reanimarlo, para luego trasladarlo de urgencia al Hospital, pero ya estaba sin vida.

Fue homicidio

La noticia corrió como reguero de pólvora, primero se dijo que podía ser que alguien lo había atropellado y huyó dejándolo abandonado; no se descartó que se podría haber descompensado y al golpear la cabeza contra el piso falleciera. Se empezó a investigar como homicidio culposo, ver si alguien había sido testigo del incidente, buscando imágenes de las cámaras, mientras el pueblo lloraba la muerte de un muchacho bueno. En la medida que transcurrían las horas, las cosas fueron cambiando y también las hipótesis, ya que cuando el médico forense lo revisó, descubrió que tenía un disparo de arma de fuego en la cabeza.

"En principio no surgía el hecho que se termina desencadenando como investigación. Al inicio se pensó en un accidente o que (la víctima) había recibido algún tipo de golpe, pero con el devenir de las horas, había cuestiones que nos llevaron a determinar que estábamos ante un homicidio y a partir de ahí se trasladaron dos fiscales al lugar del hecho para trabajar con Policía Científica", explicó el fiscal regional Alejandro Sinópoli. Ya no se investigaba una muerte accidental, ahora se sabía que fue un homicidio.

Primer detenido

En la mañana del lunes fue imputado por la fiscal de la causa, Andrea Cavallero, un hombre de 36 años edad. Las sospechas recayeron sobre él, ya que durante los dos años en que Federico y su esposa estuvieron separados, el imputado había mantenido una relación amorosa con la mujer. Pero hacía dos semana la pareja se había reconciliado y las primeras sospechas apuntaron al ex novio despechado, a quien también le hallaron un arma de fuego al momento de allanar el domicilio. Tras la imputación, el fiscal anunció que pediría la prisión preventiva.

Poco había que cautelar o investigar, en una calle de alto tránsito, durante 48 horas pasaron curiosos y habituales transeúntes, y tampoco había fotos sobre cómo se halló el cuerpo.

En la localidad se hicieron marchas y reclamos de justicia, las vecinas murmuraban y condenaban el trágico "hecho pasional".

Coincidencia fatal

El miércoles, una nueva hipótesis se empezó a manejar en el Ministerio Público de la Acusación, luego de que un testigo que se presentó voluntariamente contó otra historia y otros fueron los protagonistas. La muerte de Federico no fue planeada, solo fue mala suerte: estaba en el momento y lugar equivocados.

Según la referencia recibida horas antes del homicidio, un par de vaguitos del pueblo andaban pidiendo plata prestada para comprar bebidas o algún otro estimulante. En la madrugada robaron la moto a un familiar que vive en cercanías de Francia y 94 y salieron a buscar por la fuerza lo que no habían conseguido a través del acoso. Así fue que hallaron en el camino a Landriel, y como no le pudieron sacar nada, ofuscados y envalentonados le pegaron un culatazo y cuando cayó lo ultimaron con un disparo en la cabeza.

Luego huyeron en la moto por la ruta 94 hacia Venado, raudo paso que quedó registrado en las cámaras de seguridad. De a poco la urdimbre de la investigación iba tomando forma. Sobre todo porque los "pibes malos" vinieron a Venado, donde vendieron la moto por 2 mil pesos y se juntaron con algunos amigotes. Allí fue cuando uno de ellos contó: "Recién maté a uno en Santa Isabel". Con el paso de las horas la noticia llegó a la localidad y a oídos de un familiar, que avisó a los investigadores, los que procedieron a allanar las viviendas y, con las pruebas obtenidas, detenerlos. Entre otras cosas, secuestraron ropa similar a la que se podía ver tenían puesta cuando salieron en moto por la ruta 94 en el horario en que fue muerto Landriel.

Dos días después se celebró la audiencia cautelar que comenzó en horas de la mañana por Zoom con los imputados por homicidio agravado en ocasión de robo y otro robo en Melincué; tras dos horas de iniciado el trámite se cortó la luz en la localidad, así que la actividad se retomó a las 16 y terminó cercanas las 20.30.

Por la zapatilla

Esta causa no resultó fácil, ni para la Fiscalía, ni para los deudos de Landriel, que siguen esperando que los sospechosos del homicidio sean condenados. De hecho, hace unos 10 días la defensa ejercida por el abogado penalista Antonio Di Benedetto solicitó al juez Mauricio Clavero la libertad de sus defendidos, dado que ya transcurrieron los 90 días previstos por el Código Procesal Penal para la prisión preventiva, oportunidad para analizar si las circunstancias que ameritaron la medida siguen vigentes. Y allí mismo, en el subsuelo de Chacabuco y Castelli, se produjo otra situación inédita. En esa ocasión el padre del sujeto sospechoso de haber disparado a Landriel cuando cayó al piso, le trajo un par de zapatillas para que se cambiara. El imputado lo hizo y se presentó en la audiencia.

Pero el fiscal Mauro Blanco no perdió de vista el detalle y se dio cuenta de que eran del mismo color y con el mismo logo que ostentaba uno de los motociclistas en la noche del crimen. Así fue que pidió que se las quitaran para secuestrarlas y peritarlas. En ese momento se generó una situación tensa, porque el defensor se opuso y tras una breve discusión las zapatillas quedaron en las garras del fiscal, a quien su ojo de águila no le había fallado. Al realizarle un examen a las zapatillas -que hasta ese momento no se habían vuelto a usar porque su dueño estaba detenido- hallaron rastros de pólvora. Este hallazgo abonó la teoría de la Fiscalía según la cual los imputados le dispararon a Federico cuando estaba caído y el pie del agresor estaba tan cerca de la cabeza que fue salpicado por la pólvora, cuyos rastros quedaron impresos en el calzado. Sumado esto a las pruebas recabadas, como la presencia de los sospechosos en la moto en el horario y lugar cercano donde fue muerto Federico y el testimonio de quien recibió el desgraciado comentario poco tiempo después del homicidio.

De hecho el juez no concedió la libertad a los imputados ante la aparición de nuevas evidencias, permitiendo que la investigación continúe y los sospechosos permanezcan detenidos.

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